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miércoles, 12 de enero de 2011

1781 - Cuzco

Auto sacramental en la cámara de torturas. Atado al potro del suplicio, yace desnudo, ensangrentado, Túpac Amaru. La cámara de torturas de la cárcel del Cuzco es penumbrosa y de techo bajo. Un chorro de luz cae sobre el jefe rebelde, luz violenta, golpeadora. José Antonio de Areche luce ruluda peluca y uniforme militar de gala. Areche, representante del rey de España, comandante general del ejército y juez supremo, está sentado junto a la manivela. Cuando la hace girar, una nueva vuelta de cuerda atormenta los brazos y las piernas de Túpac Amaru y se escuchan entonces gemidos ahogados.

ARECHE.-¡Ah, rey de reyes, reyecillo vendido a precio vil! ¡Don José I, agente a sueldo de la corona inglesa! El dinero desposa a la ambición de poder. ¿A quién sorprende la boda? Es costumbre... Armas británicas, dinero británico. ¿Por qué no lo niega, eh? Pobre diablo. (Se levanta y acaricia la cabeza de Túpac Amaru.) Los herejes luteranos han hechado polvo a sus ojos y oscuro velo a su entendimiento. Pobre diablo. José Gabriel Túpac Amaru, dueño absoluto y natural de estos dominios... ¡Don José I, monarca del Nuevo Mundo! (Despliega un pergamino y lee en voz alta) <> (Se vuelve, súbito, hacia Túpac Amaru) ¡Niégalo! Hemos encontrado esta proclama en tus bolsillos... Prometías la libertad... Los herejes te han enseñado las malas artes del contrabando. ¡Envuelta en la bandera de la libertad, traís la más cruel de las tiranías! (Camina alrededor del cuerpo atado al potro) <>, decías. <>, decías. Pero, ¿acaso alguna vez han pagado tributo, tú y los tuyos? Disfrutabas del privilegio de usar armas y andar a caballo. ¡Siempre fuiste tratado como cristiano de lineaje limpio de sangre! <<¡Revolución!>>. Te hemos enseñado a hablar, ¿y qué escribiste? <<¡Guerra!>>. (Se sienta. Da la espalda a Túpac Amaru y cruza las piernas) Has asolado el Perú. Crímenes, incendios, robos, sacrilegios... Tú y tus secuaces terroristas habéis traído el infierno a estas provincias. ¿Que los españoles dejan a los indios lamiendo tierra? Ya he ordenado que acaben las ventas obligatorias y se abran los obrajes y se pague lo justo. He suprimido los diezmos y las aduanas... ¿Por qué seguiste la guerra, si se ha restablecido el buen trato? ¿Cuántos miles de muertos has causado, farsante emperador? ¿En cuánto dolor has puesto las tierras invadidas? (Se levanta y se inclina sobre Túpac Amaru, que no abre los ojos.) ¿Que la mita es un crimen y de cada cien indios que van a las minas vuelven veinte? Ya he dispuesto que se extinga el trabajo forzado. ¿Y acaso la aborrecida mita no fue inventada por tus antepasados los incas? Los incas... Nadie ha tenido a los indios en trato peor. Reniegas de la sangre europea que corre por tus venas, José Gabriel Condorcanqui Noguera... (Hace una pausa y habla mientras rodea el cuerpo del vencido.) Tu sentencia está lista. Yo la imaginé, la escribí, la firmé. (La mano corta el aire sobre la boca de Túpac.) Te arrastrarán al cadalso y el verdugo te cortará la lengua. Te atarán a cuatro caballos por las manos y por los pies. Serás descuartizado. (Pasa la mano sobre el torso desnudo.) Arrojarán tu tronco a la hoguera en el cerro de Picchu y echarán al aire las cenizas. (Tocala cara.) Tu cabeza colgará tres días de una horca, en el pueblo de Tinta, y después quedará clavada a un palo, a la entrada del pueblo, con una corona de once puntas de fierro, por tus once títulos de emperador. (Acaricia los brazos.) Enviaremos un brazo a Tungasuca y el otro se exibirá en la capital de Carabaya. (Y las piernas.) Una pierna al pueblo de Livitaca y la otra a Santa Rosa de Lampa. Serán arrasadas las casas que habitaste. Echaremos sal sobre tus tierras. Caerá la infamia sobre tu descendencia por los siglos de los siglos. (Enciende una vela y la empuña sobre el rostro de Túpac Amaru.) Todavía estás a tiempo. Dime: ¿Quién continúa la rebelión que has iniciado? ¿Quiénes son tus complices? (Zalamero.) Estás a tiempo. Te ofrezco la horca. Estás a tiempo de evitarte tanta humillación y sufrimiento. Dame nombres. Dime. (Acerca la oreja.) ¡Tú eres tu verdugo, indio carnicero! (Nuevamente endulza el tono.) Cortaremos la lengua de tu hijo Hipólito. Cortaremos la lengua a Micaela, tu mujer, y le daremos garrote vil... no te arrepientas, pero sálvala. A ella. Salva a tu mujer de una muerte infame. (Se aproxima. Espera.) ¡Sabe Dios los crímenes que arrastras! (Hace girar violentamente la rueda del tormento y se escucha un quejido atroz.) ¡No vas a disculparte con silencios ante el tribunal del Altísimo, indio soberbios! (Con lástima.) ¿Ah! Me entristece que haya un alma que quiera irse así a la eterna condenación... (Furioso.) ¡Por última vez! ¿Quiénes son tus cómplices?

TÚPAC AMARU (Alzando a duras penas la cabeza, abre los ojos y habla por fin.) -Aquí no hay más cómplice que tú y yo. Tú, por opresor, y yo, por libertador, merecemos la muerte.
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(MEMORIA DEL FUEGO 2.Las caras y las máscaras - Eduardo Galeano)


martes, 14 de diciembre de 2010

"CARICIAS" de Sergi Belbel.

Representada por Camila Ruiz y Gastón Alvarez, año 2009. En el anexo de la escuela provincial de teatro Nº 3200. Santa Fe, Santa Fe/Argentina.

(
En el centro de la sala un colchón de dos plazas. A su derecha una silla y a su izquierda una mesa pequeña en la cual apoya una guitarra. Ropa desparramada por el suelo)

ESCENA I:

Él: Qué raro...
Ella: Qué?
Él: Todo esto...
Ella: A qué te refería?
Él: No sé si te diste cuenta...
Ella: No. De qué?
Él: Tengo la sensación...
Ella: Decí...
Él: La extraña sensación...
Ella: Qué te pasa?
Él: Es como si...
Ella: Como si qué?
Él: Como si ya no...
Ella: No, qué?
Él: Como si ya no tuvieramos...
Ella: Qué?
Él: Nada que decirnos (Pausa)
Ella: Sí...
Él: Sí, qué?
Ella: Sí que tenemos algo para decirnos...
Él: Ah, sí?
Ella: Sí...
Él: Qué? (Pausa) Decí, qué?
Ella: No sé, ahora no sé...
Él: Vés? Te dás cuenta...
Ella: No. No lo veo, no me doy cuenta...
Él: No querés darte cuenta...
Ella: Pero, de qué? Vamos, a ver... de qué? decime, de qué mierda me tengo que dar cuenta, si puede saberse...
Él: Querés que te lo repita?
Ella: No, por favor. Si tenés que decir lo que ya me dijiste antes, más vale que te calles.
Él: Bueno, entonces me callo.

(Pausa)

Ella: Tenemos mucho que decirnos todavía, lo sabés perfectamente. Sé que hay cosas que pensás y te callás porque no querés decírmelas; sí, decírmelas a mí, por algún problema tuyo que ignoro, que hasta vos mismo ignorás; y eso me ofende ¿sabés? me ofende, me angustia, me duele y me duele verte así, vernos así, llenando con palabras vacías todos estos vacíos momentos de silencio; y después los insultos, tus insultos, porque es una injutia lo que terminás de decirme; me insultás, me inriás al decirme que ya no tenés nada que decirme...
Él: Perdón. Un momento...
Ella: ¡¿Por qué me interrumpís?! ¡¡Siempre me interrumpís cuando empiezo a... a construir un... un discurso mínimamente coherente que sobrepase los... los monosílabos que tanto caracterizan nuestras charlas cotidianas!! ¡Te parecés ya a mi madre; y si me fui de su casa no fue precisamente para irme a vivir con otro como ella o peor todavía! ¡¡No hay perdón ni momento que valga!! ¡¡Estaba hablando yo y seré yo quien siga hablando!! ¡A ver si empiezan a cambiar ya las cosas en esta casa de mierda, al menos en ésta!

(Él la abofetea violentamente)

Él: Cuando una persona pide perdón... se le perdona, se calla y se le escucha ¿me entendés? Y yo acabo de pedirte perdón sólo para hacer un breve inciso en tú... estupendo discurso tan explícito y coherente y voy a hacerlo ¿me oís? ¡¡Voy a hacerlo, voy a hacerlo, voy a hacerlo!!

(Él vuelve a abofetearla, aún con más violencia)

Él: No he dicho que yo ya no tenga nada que decirte ¿me oís?

(Vuelve a abofetearla, salvajemente)

Él: He dicho que ya no tenemos nada que decirnos. No yo. No vos. He dicho: nosotros.

(Silencio)

Ella: ¿Qué querés para cenar?
Él: No sé ¿qué hay?
Ella: Carne, huevos, ensalada. Puedo preparar tallarines si querés.
Él: No, no, pasta de noche no, después me cae pesado. Prefiero una ensalada de esas con muchos ingredientes y un buen postre...
Ella: Tenemos lechuga, tomate, zanahoria, choclo, aceitunas, apio, cebolla...
Él: No, no, nada de cebolla, después la repito mucho...
Ella: Sí, porque después tenés mal aliento y dejás olor en las sábanas...
Él: podemos ponerle también cachitos de manzanas y de ananá, si hay, claro...
Ella: ¡Sí! ¡Una ensalada tropical! ¡Me encanta! Pero el ananá es de lata...
Él: Es lo mismo...
Ella: Bueno, entonces, manos a la obra... ¡Huy! no sé si quedará algo para el postre...
Él: ¿No queda ningún flan?
Ella: Ay, sí, que despistada. Compré dos esta mañana. Ah, también hay yogur...
Él: Prefiero un flan...
Ella: Yo, un yogur...
Él: Yo, un flan...
Ella: Muy bien, vos te comés un flan y yo me tomo un yogur, no pasa nada...
Él: No pasa nada... ¿Te ayudo a preparar la ensalada?
Ella: Sí, así terminamos antes ¿Vamos a la cocina?
Él: Vamos...

(Se dispones a salir. Ella se detiene)

Ella: Perdón. Un momento...
Él: ¿Qué?

(Ella le pega un puñetazo en el estómago y un golpe de rodillas en los testículos. Él cae al suelo)

Ella: No hay aceite...
Él: (Dolido) Ah...
Ella: Se nos ha terminado. Vas a tener que ir a pedirle un poco a la vecina...
Él: Ah, no puedo resp...
Ella: A ver levantate, no podemos perder el tiempo con estupideces...
Él: Ah, ah...
Ella: Vamos, levantate, agarrá un vaso y mientras yo pongo la lechuga en remojo, vas y le pedís a la vecina que te lo llene de aceite de oliva. Pero que sea de oliva ¿eh? No soporto las ensaladas con aceite de girasol o de maís, son insípidas...
Él: Sos un moustruo...
Ella: Levantate ya y anda a la cocina...
Él: Sos repugnante...

(Ella le da una patada en la cara)

Ella: ¡¿Te levantás o no te levantás?!

(Ella le da otra patada en plena cara)

Ella: ¡¡¿Vas a la cocina o no vas a la cocina?!!

(Le da otra patada)

Ella: ¡¡¡¿Vas a ir a pedir aceite a la vecina o no vas a ir a pedirle aceite a la vecina?!!!

(Le da otra patada en la cara, ésta más fuerte)

Ella: ¡¡¡¡¿Querés una ensalada tropical o no querés una ensalada tropical?!!!!

(Silencio)

Él: (Más dolido) Ah...
Ella: Qué?
Él: Aah...
Ella: No entiendo lo que decís...
Él: Aaah...
Ella: Perdoná; pero si no articulás mejor...
Él: AaaaH...
Ella: ¿Querés decirme algo?
Él: Mmm... ss... sí...

Ella: ¿Ves? ¿Te das cuenta? ¿Ves como todavía tenés algo que decirme?

viernes, 12 de febrero de 2010

"¡UY!"

Maquiavélico maquiavelismo: Maquiavelo… "si puedes matar a tu enemigo, hazlo; si no, hazte amigo suyo".


Fatal fatalista: Crisipo: “Todo tiene lugar según el destino”


Epicúrea epicureismo: Epicuro… “El hombre debía rechazar la enseñanza de miedos y supersticiones. No había motivo para temer a los dioses porque estos, si bien existen, no pueden relacionarse con nosotros ni para ayudar ni para castigar, y por tanto ni su temor ni su rezo o veneración posee utilidad práctica. La muerte tampoco puede temerse, porque siendo nada, no puede ser algo para nosotros: mientras vivimos no está presente y cuando está presente nosotros no estamos ya. El dolor y el mal se evitan fácilmente porque ningún tormento dura demasiado y cuanto más intenso es menos duro.”


Conocimiento empírico.



sábado, 31 de octubre de 2009




(de Lord Byron)


Hay un placer en los bosques sin sendero,
hay un éxtasis en la costa solitaria,
hay compañía, allí donde nadie se hace presente,
al lado del mar profundo, y música en su rugido:
No amo menos al hombre, sino más a la Naturaleza...

A partir de nuestros encuantros, a los que asisto sigiloso,
a partir de todo lo que puedo ser, o que he visto antes
para fundirme con el Universo y sentir
lo que nunca puedo expresar

aunque me sea imposible ocultar.



miércoles, 28 de octubre de 2009

* "Lluvia."




(de Miguel Florián)

El agua deslíe la conciencia, una a una
empapa las imágenes, se agitan sus reflejos,
tiemblan sólo un instante sobre la herida. Nunca
acabará la lluvia. En la memoria llueve,
vuelvo a ver los charcos de la infancia, una manta
empapada sobre vagas cabezas, y un rostro
muy fugaz de mujer. Siempre estuvo lloviendo,
los pájaros perdidos buscaban entibiarse
en nuestra sangre. Aquella boca de tibia luna
enmudecida y fría, sobre la yerba húmeda...
¿A dónde lleva el agua esas semillas?, ¿en qué mar
desembocan?, ¿en qué madre germinan?, ¿acaso
el alma es tierra y luego, ya en sazón, fructifican
bajo el temblor de la memoria? Tocar el mundo
con nuestras manos ciegas, y luego, en el recuerdo,
otro mundo renace más intenso. Aquella
mano posada sobre el tiempo, aquella frente
con su gesto de arcilla, y este turbio afán
del hombre por alzar su casa derruida
bajo la tempestad, esta inquietud de abrir
en las ondas de todos los regatos la entraña
encendida del musgo. Sí, ¿en qué océano
en qué lecho se vierten las palabras?, ¿qué muelles
refugian a sus barcos? El cielo es agua quieta,
y el polvo, y los vestigios que espejean y abrasan
en su luz la conciencia. Náufragos todos bajo
idéntico aguacero, peregrinos del sueño,
creciendo sobre el pecho del tiempo, sosteniéndonos
sobre la mano incierta de un dios que nos ignora.

lunes, 26 de octubre de 2009

* "Elegía a Ramón Sijé."


(de Miguel Hernández)

(En Orihuela, su pueblo y el mío, seme ha muerto como del rayo Ramón Sijé,con quien tanto quería.)


Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.

Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento.
a las desalentadas amapolas

daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.

Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.

Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.

Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.

En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.

Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.

Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.

Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera

de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.

Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irán a cada lado
disputando tu novia y las abejas.

Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.

A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.


viernes, 23 de octubre de 2009

* "El caminante."




(de Friedrich Nietzsche)

A través de la noche el caminante
A buen paso camino va adelante,
Y va dejando atrás sin pesadumbre
El hondo valle, la escarpada cumbre.
La noche es bella, pero ¿qué le importa?
Por nada su ligero paso acorta,
Aunque no sepa, pobre peregrino,
A donde ha de llevarle su camino.

De pronto un ave canta. Oh, ave, dime:
¿Qué es lo que haces? Dí, ¿por qué me oprime
Tu voz mi corazón y me detienes?
Dime por qué derramas en mis sienes
Ese sopor tan dulce que asi liga
Mis sentidos y, oyéndote, me obliga
A suspender mi marcha. ¿A qué me llamas
Con tu trinar, oculto entre las ramas?

El buen pájaro calla, y dice así:
No, caminante; no te llamo a ti;
Desde esta cumbre, en trémulos gorjeos
La hembra llamando estoy de mis deseos.
¿Qué te importa? Soñando siempre en ella,
Para mi solo no es la noche bella.
¿Qué te importa? En el mundo siempre errante,
No te has de detener un solo instante.
¿Aún inmóvil estás? ¡Ah, peregrino!
¿Qué se te da de mi cantar divino?

Calló el buen pájaro y pensó entre si;
¿Qué le importa mi dulce melodía?
¿Qué hace aqui
Sin moverse todavia?
No te detengas, pobre caminante;
Siempre adelante ve, siempre adelante.

jueves, 22 de octubre de 2009

* "Boca a boca."




(de Delmira Agustini).


Copa de vino donde quiero y sueño beber la muerte con fruición sombría, surco de fuego donde logra Ensueño fuertes semillas de melancolía. Boca que besas a distancia y llamas en silencio, pastilla de locura, color de sed y húmeda de llamas... ¡Verja de abismos es tu dentadura! Sexo de un alma triste de gloriosa; el placer unges de dolor; tu beso, puñal de fuego en vaina de embeleso, me come en sueños como un cáncer rosa... Joya de sangre y luna, vaso pleno de rosas de silencio y de armonía, nectario de su miel y su veneno, vampiro vuelto mariposa al día. Tijera ardiente de glaciales lirios, panal de besos, ánfora viviente donde brindan delicias y delirios fresas de aurora en vino de poniente... Estuche de encendidos terciopelos en que su voz es fúlgida presea, alas del verbo amenazando vuelos, cáliz en donde el corazón flamea. Pico rojo del buitre del deseo que hubiste sangre y alma entre mi boca, de tu largo y sonante picoteo brotó una llaga como flor de roca. Inaccesible... Si otra vez mi vida cruzas, dando a la tierra removida siembra de oro tu verbo fecundo, tú curarás la misteriosa herida: lirio de muerte, cóndor de vida,
¡flor de tu beso que perfuma al mundo!

* "Ella."




(de Oliverio Girondo)


Es una intensísima corriente
un relámpago ser de lecho
una dona mórbida ola
un reflujo zumbo de anestesia
una rompiente ente florescente
una voraz contráctil prensil corola entreabierta
y su rocío afrodisíaco
y su carnalesencia
natal
letal
alveolo beodo de violo
es la sed de ella ella y sus vertientes lentas entremuertes que
estrellan y disgregan
aunque Dios sea su vientre
pero también es la crisálida de una inalada larva de la nada
una libélula de médula
una oruga lúbrica desnuda sólo nutrida de frotes
un chupochupo súcubo molusco
que gota a gota agota boca a boca
la mucho mucho gozo
la muy total sofoco
la toda ¡shock! tras ¡shock!
la íntegra colapso
es un hermoso síncope con foso
un ¡cross! de amor pantera al plexo trópico
un ¡knock out! técnico dichoso
si no un compuesto terrestre de líbido edén infierno
el sedimento aglutinante de un precipitado de labios
el obsesivo residuo de una solución insoluble
un mecanismo radioanímico
un terno bípedo bullente
un ¡robot! hembra electroerótico con su emisora de delirio
y espasmos lírico-dramáticos
aunque tal vez sea un espejismo
un paradigma
un eromito
una apariencia de la ausencia
una entelequia inexistente
las trenzas náyades de Ofelia
o sólo un trozo ultraporoso de realidad indubitable
una despótica materia
el paraíso hecho carne
una perdiz a la crema.

martes, 13 de octubre de 2009

* "Concreción negra del café... / Concrétion noire du café..."



(De Louis Calaferte.)

Concreción negra del café en la taza.
Pequeña superficie circular inmóvil.
Es necesario que la vibración exterior se acentúe para que se perturbe.
Olor fuerte.
Concentrado.
Líquido que es potencia.
Negro olor a quemado.
Un viejo con gorra de cuero tostaba el café delante de su casa.
El humo tenue se escapaba del aparato.
Permanecía suspendido en el aire frío.
Envolvente.
Podía pensarse en bosques impenetrables.
Techos de lianas.
Gritos de pájaros desconocidos.
Gruñidos amenazantes.
Desplazamientos ágiles.
Invisibles.
Un calor petrificante.
El pequeño aparato era cilíndrico.
De hierro.
Con una minúscula tapa corrediza.
El fuego lo envolvía con sus llamas.
El viejo permanecía horas sentado.
Hacía girar lentamente la manivela del cilindro.
El olor acre se propagaba hasta muy lejos por el camino que llevaba a las casas.
Luego se lo olvidaba.
Como el olor del cementerio.
Esa acritud.
La putrefacción de las flores en la fosa detrás del portal de entrada.
Olor a mujeres negras.
Severas.
Lentas.
Tristes.
Estallido de la campanada.
La tierra roja o verde.
Un pozo.
Paredes fértiles.
Brillantes.
Venas amarillentas de la tierra.
Cómo imaginar que un día nuestro propio cuerpo estará enterrado en esta profundidad grasienta.
Pudrirse.
Reir.
Jugar.
El cementerio es un lugar sucio.
Café caliente de la mañana.
Las ventanas están abiertas.
Fuera todo está azul y nacarado.
Las tazas están llenas.
El pan en rebanadas.
La mantequilla blanda en el platito rosado.
La leche se mezcla con dibujos de filamentos.
Hay arándanos en los bosques.
Platería de peces en el río.
Por la mañana el gran corredor de la casa huele mucho tiempo a café.
Un café negro.
Un cafecito.
Hay adivinas que leen el porvenir en la borra del café.
Una mujer gorda medio borracha.
Los ojos húmedos.
Los pechos enormes.
La taza que gira entre sus dedos de uñas comidas.
¿Saber de cuándo data el uso del café?
Encontrar viejos libros ilustrados.
¿Es un fruto el café?
Forzosamente.
Las arañas no son insectos;
Un azúcar químico se disolvía en la taza de café y dejaba aparecer una substancia con forma de araña.
Un chasco.
Todos se reían.
Cambiaban la taza.
La araña negra flotaba en el fregadero entre la vajilla.
Hacía falta tener coraje para atreverse a tocarla con la punta del dedo.
Algo fofo.
¿En qué se transformaba después?
Las arañas de regaliz de patas rojas.
Las chicas que chillaban.
El cielo estaba tan claro.
La noche no caía.
Los grandes charlaban entre ellos en el jardín.
Las voces no eran ya sino murmullos.